Aya, la niña de los 'mil euros' más largos de la historia, da El Gordo

Todos la esperaban y esta vez, bastante más calmada que en 2017, volvió a erigirse en protagonista del Teatro Real

ISAAC ASENJOMadrid

Se convirtió sin quererlo en la estrella del Sorteo del año pasado por su eufórica forma de cantar las pedreas ¡miiiiiiiiiiiiiiiiil euros! a puro pulmón, alargando de forma excepcional las vocales. Y este año parece que el destino le había reservado el honor de protagonizar El Gordo. Salió Aya Ben Hambouch - una de las niñas más jóvenes del colegio San Ildefonso- en la octava tabla y nada más agarrar la bola su compañera Carla García, cantó el primer premio, el más esperado. A las 12:35 de la mañana salía el 03347, y Aya se vino arriba y pudo cantar 'cuatro milloooooooneeees de eeeurosssss'. Todos la esperaban y esta vez, bastante más calmada que en 2017 volvió a erigirse en protagonista del Teatro Real.

El año pasado cautivó por su simpatía y la forma de cantar los premios. Las pedreas como si fueran el Gordo. Energía y entusiasmo a rabiar para esta pequeña pelirroja de origen marroquí que la convirtieron en 'trending topic'.

«Nos ha dicho nuestra profesora Arancha que no tuviera prisa», ha dicho en TVE con el desparpajo que atesora. «Lo vamos a celebrar yendo al Burger King», ha expresado más tarde a los periodistas congregados en el Teatro Real, según informa Efe.

La pequeña -de 10 años- ha comentado que son cuatro hermanos y que una de sus hermanas también ha participado en el sorteo. Como anécdota ha contado que su madre no juega a la lotería; «no le va mucho», ha reconocido.

Aunque puestos a protagonizar anécdotas en el Sorteo, cuando presentaron los números al auditorio, Aya, entre dientes, le indicaba a Carla: «Dale la vuelta, Carla, dale la vuelta». Unos segundos después, una emocionada Carla solicitó un vaso de agua, a lo que Aya espetó: «Carla, no te lo bebas todo, que si no te haces pipí», dejando uno de los momentos destacados en las redes sociales este sábado 22 de diciembre.

Esta mañana en el palco de la tercera planta, su madre, Chourouk, con un bebé en brazos -el año pasado no pudo asistir por estar embarazada- se abanicaba con la mano como acalorada. No es para menos. Se encuentra rodeada de amigos, uno de ellos ha cantado la lotería en años anteriores.

Se escuchan varias lenguas entre los 40 familiares que han visto a sus hijos y hermanos pasar por el escenario. «No había venido a este teatro», dice un familiar de Aya, que es cocinero de una guardería de la Comunidad de Madrid. «Es bonito, esto es emocionante». Aún con la algarabía del Gordo, las dos niñas vuelven a sus lugares, y continúan la melodía de la suerte, ya en la recta final.

A mediados de octubre los niños de San Ildefonso empiezan los ensayos en donde se les enseña a vocalizar, proyectar la voz y mantener un ritmo constante y fluido. «Es un día un poco caótico porque todos quieren hacerlo», explica Vicente Ramos Rodríguez, uno de los educadores que entrenan a los niños a cantar los números. Muchos de ellos ya tienen experiencia, porque todos los jueves y sábados del año cantan en los sorteos ordinarios de lotería. «En este 'casting' lo que se busca es una buena voz, buena vocalización, fluidez verbal, presencia escénica y habilidad para manejar los números», dice Charo Rodríguez, la directora de la residencia. «Luego, al hacer las parejas, es importante que las voces tengan una cierta armonía y que encajen bien», añade.

Una vez que el grupo está formado, empiezan los ensayos, que van aumentando en dificultad a medida que se va acercando el día. «Lo primero es entrenar el ritmo y la fluidez, que proyecten bien la voz, que el público entienda el número que se está cantando, que no haya pausas entre el número y el premio, y luego ya vamos metiendo números difíciles», comenta el educador. Ensayan unos 30 minutos en días alternos y, dependiendo de la necesidad de cada niño, algunos van a sesiones extras para mejorar.

En sus orígenes, el colegio de San Ildefonso, uno de los más famosos y antiguos de Madrid. Fundado en 1543, funcionó como orfanato para niños varones a los que el Ayuntamiento les daba una educación y les enseñaba un oficio. Esta situación se mantuvo hasta el comienzo de la democracia, en el año 1975. Las niñas fueron admitidas en 1981 y empezaron a participar en el sorteo extraordinario a partir de 1984. Cuatro años después, la institución se dividió en la Residencia Internado San Ildefonso y el Colegio Público de Infantil y Primaria San Ildefonso, como se conoce actualmente.

 

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